 En Querétaro
Como patrimonio inmaterial
Vigilados por la Peña de Bernal, envueltos en el paisaje semidesértico, los pueblos otomíes de Querétaro guardan celosos entre sus casas de tabicón y cemento, sus viejas capillas familiares en donde residen las ánimas de sus ancestros mecos (chichimecas), allí se encuentran la protección y el poder, la continuidad del linaje.
Conscientes de este valor, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de un estudio etnográfico y como instancia normativa, así como el gobierno de Querétaro, impulsan que este legado pueda formar parte de la Lista del Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
La propuesta, de acuerdo con Diego Prieto Hernández, director del Centro INAH estatal, representa “la vía más directa, clara e irrebatible”, es decir, mediante la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, aprobada por la Asamblea General de la UNESCO en 2003 y ratificada por el gobierno mexicano en el 2005.
“De manera que ya tiene el peso de ley constitucional, así como la Convención para la protección y salvaguardia del Patrimonio Mundial, cultural y natural, que es la convención que ampara la Lista del Patrimonio Mundial. En realidad el estatuto es el mismo, es una convención nueva y a la que muchos países, incluido México, está poniendo todo el interés.”
“Este año se darán las primeras postulaciones para la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Contamos prácticamente con el expediente técnico concluido, salvo algunas cuestiones de edición; será uno de los primeros bienes postulados y motivo de orgullo para las comunidades hñahñu”, expresó.
El Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) abarca usos, representaciones, idiomas, técnicas y saberes ancestrales relativos a la salud, la naturaleza y el universo, expresados en tradiciones orales, artesanías, ritos o fiestas, entre otros. A la vez, este convenio no contempla el concepto de 'valor excepcional universal', clave en el del Patrimonio Mundial, pues su valor es el que le da la comunidad que lo mantiene vivo.
Hasta el momento, el inventario de estas antiguas capillas familiares comprende alrededor de 260, principalmente del siglo XVIII, distribuidas en el municipio de Tolimán y áreas menores de los ayuntamientos de Colón, Ezequiel Montes y Cadereyta; no obstante, existen varias de reciente construcción “y que tendríamos que incorporar pues también son espacios para la veneración de los ancestros”.
En los últimos tres años, el gobierno estatal ha destinado aproximadamente 18 millones de pesos para la restauración de casi 40 capillas y un par de iglesias, trabajos realizados a través de su Dirección de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Obras Públicas y Desarrollo Urbano.
Asimismo, se intervino la iglesia de San Miguel Arcángel, en Tolimán, mediante el Programa 3 x 1, que implica un presupuesto tripartita entre capital de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), del municipio y de las remesas de migrantes. En este templo se realiza, año con año, la instalación del “Chimal”, una ofrenda floral que supera por mucho la altura de este edificio.
Lo que se ha logrado —continúo el antropólogo— “es un gran interés por parte de las comunidades en el rescate de su lengua, sus tradiciones, sus fiestas, sus danzas, su música y, en general, su patrimonio cultural”.
En aquellas capillas que ya no tienen una función ritual, se toman acuerdos respecto al uso que las poblaciones desean darles, sea como pequeños museos comunitarios o como puntos de un circuito de visita para aquellos turistas que llegan al aledaño pueblo de Bernal atraídos por los “beneficios” del famoso monolito, considerado el tercero más grande del mundo.
Un requisito importante para la inscripción en la citada Lista Representativa es que la población esté de acuerdo con que se obtenga esta declaratoria. Por ello, junto con la Coordinación Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) se consultó a cerca de 6 mil habitantes y se conformaron talleres de los que surgieron 600 propuestas.
Beatriz Utrilla, responsable de la sección de Etnografía del Centro INAH Querétaro, señaló que las principales inquietudes expresadas estuvieron relacionadas con la conservación de sus rituales y de su entorno. Otro de los puntos destacados fue la recuperación de la lengua otomí, toda vez que sólo 30 por ciento de la población la conserva.
Monumentos de estirpe
Pese algunas diferencias, las capillas familiares otomíes guardan un esquema similar, es una construcción en bóveda de cañón o de arista, vinculada con un pequeño atrio exterior donde puede haber uno o varios calvarios, nichos o justicia, en éstos se dispone la cruz del antepasado principal y otras de menor tamaño correspondientes a miembros del grupo familiar, también fallecidos.
“Existe una cruz que es la más grande y representa al primero de este grupo parental, de hecho, se cree que las capillas se construyen a la muerte del primer fundador de la estirpe”, comentó Beatriz Utrilla.
También se encuentra un muro testero en el que está el altar, sobre esta peana se coloca la imagen del santo que preside la capilla (San Miguel Arcángel, San Isidro, entre otros) y que tiene conexión con el ancestro principal, los cuadros de ánimas y algunos santos de “preferencia”.
“Cada que moría alguien —apuntó la antropóloga— se aumentaban figuritas en un cuadro que se le conoce como de ánimas, entonces podemos ver básicamente genealogías de los parientes de difuntos. Se cree que los muertos se convierten en ánimas que pueden transitar entre este mundo y el otro, y en Día de Muertos regresan”.
Destaca a su vez la pintura mural que algunas pueden contener sobre los muros testero y parietal. Algunas datan del siglo XVIII y otras son más recientes, estos motivos decorativos son tanto religiosos como históricos, algunas imágenes remiten al pasado chichimeca: conquistadores, indios con arcos y flechas, así como venados.
Los materiales constructivos de estas capillas dependen de la región, así, en San Antonio de la Cal, la mayoría están edificadas con la tierra del tepetate, algunas con barro y otras más con cal-arena.
Las capillas, distribuidas mayormente en los pueblos de San Antonio de la Cal, San Miguel Tolimán y San Pablo Tolimán, así como en La Higuera y en la zona de El Carrizalillo, son de tipo unifamiliar o de barrio, y se utilizan en diferentes fechas: Día de Muertos, Semana Santa, fiestas patronales, peregrinaciones a las elevaciones cercanas (Peña de Bernal, El Zamorano y el Cerro del Frontón) o en Navidad.
“Todas las fiestas están marcadas por el ciclo agrícola, por la venida del agua en sus diferentes estados. Son momentos críticos para la población que se acoge a sus santos y a sus antepasados, quienes los están protegiendo y también castigando cuando se portan mal, hay que venerarlos y pedirles por el bienestar de su pueblo porque ellos les han heredado todo”, concluyó. |