 Atetelco Investigación presentada en el ciclo de conferencias magistrales.
A un siglo de exploraciones en la Zona Arqueológica de Teotihuacan (ZAT), el debate sobre la gran urbe mesoamericana se centra en su posible sistema de gobierno, el cual —de acuerdo con una línea de investigación, apoyada entre otros expertos, por la doctora Linda Manzanilla— debió ser de carácter corporativo y no recaer en dinastías, como se ha manejado hasta el día de hoy.
“Creo que se ha exagerado la fortaleza del Estado teotihuacano, a mi modo de ver era bastante débil, porque se basó en una utopía corporativa que fue difícil consolidar”, expresó la especialista al inaugurar este jueves un ciclo de conferencias magistrales a propósito de los primeros 100 años de estudios arqueológicos en este sitio prehispánico, en el marco del 70 aniversario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
De acuerdo con Manzanilla Naim, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Teotihuacan llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo en su tiempo, con 20 kilómetros de cuadrados. Y durante ocho siglos (150 a. C. - 600 d. C.) mantuvo influencia sobre toda Mesoamérica, presumiéndose que en su apogeo (350 - 550 d. C.) tuvo 125 mil habitantes.
La hipótesis que plantea el equipo interdisciplinario en el que se encuentra la arqueóloga adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas, de la UNAM, es que los cuatro grandes sectores que conformaron Teotihuacan, debieron estar regidos por igual número de señores, cuya única representación clara conocida hasta la fecha, se halla en la vasija de Las Colinas (Calpulalpan) descubierta por Sigvald Linné en 1930.
Es decir, la metrópoli contaba con un co–gobierno. “Estos cuatro sectores de la urbe estuvieron representados por linajes de aves de rapiña (al noroeste), de jaguares y del dios de las Tormentas (al noreste), de serpientes (al sureste) y de cánidos o coyotes (al suroeste)”, señaló en su ponencia dictada en el Museo Nacional de Antropología.
En opinión de Linda Manzanilla, miembro de El Colegio Nacional, uno de estos gobernantes pudo pertenecer a un grupo étnico distinto al teotihuacano, posiblemente de origen popoloca, en virtud de que ellos organizaban el tráfico de bienes suntuarios. Los popolocas, procedentes del actual sur de Puebla, eran los encargados de operar las redes comerciales que permitían el abasto en Teotihuacan.
Sobre el planteamiento del co–gobierno en Teotihuacan, refirió que este se remonta a una ponencia que impartió en 1993 en el centro de investigación Dumbarton Oaks de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, pero ha cobrado mayor interés a partir del año 2001, con la participación de expertos adscritos al INAH, al Instituto Politécnico Nacional y a diversos institutos de la UNAM.
“Tenemos que averiguar y demostrar que hubo co – gobierno en Teotihuacan. En primer lugar, necesitamos localizar en los centros de barrio de la ciudad, por ejemplo en Teopancazco, cuál era la clase noble que fungía como administradora; y por otra parte, quiénes trabajaban en el Palacio de Xalla (en donde se reunían los cuatro señores)”.
“Otro análisis importante será el monitoreo que se llevará a cabo en la Pirámide del Sol, mediante detector de muones, para descartar que estos co–gobernantes hallan sido enterrados ahí. Nunca se ha encontrado una tumba real en Teotihuacan”, explicó.
Hasta la actualidad —dijo Linda Manzanilla—, prevalece la teoría de que la ciudad fue controlada por una dinastía única, supuesto que encuentra entre sus principales defensores a los arqueólogos Rubén Cabrera y Saburo Sugiyama. “No obstante, mi propuesta es que contó con una estructura corporativa no sólo en las unidades habitacionales, sino en el gobierno de la ciudad”.
“De ser así, sería un caso único para Mesoamérica, pero la civilización del Valle del Indo, en Pakistán, fue así. Las estructuras corporativas son excepcionales en su región, sin embargo, existen en otras partes del mundo”.
Para la doctora, en Teotihuacan está representado el cosmograma mesoamericano de los cuatro rumbos. La flor de cuatro pétalos, posible glifo del sitio (según el experto Alfredo López Austin), tiene su materialización en dos puntos: el Palacio de Xalla, con una plaza principal y cuatro estructuras a los cuatro rumbos; y el otro es uno de los túneles de la ciudad que desemboca en una cámara tetralobulada bajo la Pirámide del Sol.
“El Palacio de Xalla, al norte de la Pirámide del Sol, era el lugar de reunión de los co-gobernantes. A finales de Teotihuacan, el sector principal de la urbe se hallaba en las proximidades de dicha pirámide”, concluyó.
El primer día conferencias magistrales sobre Teotihuacan, continuó con las ponencias de los especialistas Rubén Cabrera y Alejandro Pastrana, acerca de las exploraciones en la Ciudadela y la Pirámide de la Serpiente Emplumada, y la importancia de la obsidiana en esta metrópoli, respectivamente.
Este ciclo de ponencias conmemorativas continuará los jueves 23 y 30 de julio, en punto de las 10 horas, en el Auditorio “Jaime Torres Bodet”, del Museo Nacional de Antropología, donde actualmente se aloja la exposición Teotihuacan. Ciudad de los dioses.
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