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Autor: Varios Editorial: INAH Serie: Catálogo ISBN: 978-968-03-0321-2 Año: junio 2009 p.p. 265 Ver catálogo
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Reseña La más importante e impresionante exhibición realizada hasta la fecha vinculada a la cultura teotihuacana no podía presentar un catalogo menos excelso. Teotihuacan, Ciudad de los Dioses reúne más de 400 piezas de incalculable valor artístico e histórico, y como cita en el prólogo Alfonso de Maria y Campos, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dicha exposición se convertirá en referente para la comprensión y difusión de nuestro pasado prehispánico. La magna exposición sobre el “Lugar donde los hombres se convirtieron en dioses”, tiene ahora un testimonio gráfico ‘de las mismas dimensiones que su majestuosa Pirámide del Sol’. Si bien las piezas de ocho colecciones se reunieron en el Museo Nacional de Antropología (MNA) durante casi tres meses, ahora es posible consultar la extensa bibliografía sobre esta cultura, enriquecida con las imágenes de la destacada fotógrafa mexicana Martirene Alcántara. El libro, con un grato sabor de homenaje al arqueólogo Felipe Solís, curador de la exhibición —quien no pudo ver culminado su esfuerzo al fallecer unas semanas antes de la inauguración—, está estructurado en la temática diseñada por él. Desde la Calzada de los Muertos, es el primer capítulo firmado en el libro, no podía ser de otro sino del mismo Solís, quien describe con impetuosa pasión y gran conocimiento una breve reseña, una visión, de la más poderosa ciudad de la región central de México, y la más grande urbe precolombina. Señala que los antiguos teotihuacanos fueron magníficos artistas, a quienes califica como “maestros de la plástica”, creadores de esculturas monumentales, pintura mural, relieves, instrumentos musicales, y joyería de concha, hueso y pedrería. “Hermosos y complejos diseños, de gran policromía, procedían de escuelas de pintores y escultores altamente especializadas…Hoy sabemos que la civilización teotihuacana creó un estilo artístico el cual no sólo influyó en culturas que se desarrollaron en regiones alejadas, sino que también trascendió en el tiempo”. Felipe Solís, quien fungió hasta sus últimos días como director del MNA, destacó también el siglo de investigaciones y estudios sobre Teotihuacan reflejado en la exposición, refiere algunas de ellas y antecedentes de exhibiciones basadas en los materiales arqueológicos obtenidos. Por su parte, George L. Cowgill, antropólogo estadounidense y uno de los referentes en el mundo sobre la civilización, continúa con una resumen histórico-geográfico sobre la vida y desarrollo teotihuacano. A su vez, Emily McClung de Tapia, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, revisa las particulares ecológicas de la región, sus aspectos ambientales, y cómo beneficiaron a la población desde los primeros asentamientos humanos (100 d.C.), al igual que el manejo de los recursos naturales que tenían a su disposición. Uno de los más destacados monumentos arquitectónicos en la historia de la humanidad es la Pirámide del Sol. Venturas y desventuras de un monumento, es el capítulo escrito por Eduardo Matos Moctezuma, destacado arqueólogo contemporáneo y amigo de Felipe Solís. A lo largo de sus renglones explica la importancia que pudo llegar a tener el edificio, el profundo significado que tenía en la cosmovisión de los habitantes que la construyeron y los que se avecindaron en la ciudad una vez que fue abandonada. Recuerda también uno de los principales mitos del emblemático edificio, la Leyenda de los soles, sin dejar de mencionar los trabajos arqueológicos hechos ahí a lo largo de su historia. Los Barrios foráneos de Teotihuacan, de los arqueólogos del INAH, Sergio Gómez y Julie Gazzola, es sólo la antesala de interesantes capítulos que relatan las excavaciones en los lugares más conocidos del sitio arqueológico, y en donde se han concentrado la mayoría de las investigaciones hechas hasta la fecha: la Pirámide de la Luna, la Ciudadela y el Templo de la Serpiente Emplumada. María Teresa Uriarte, historiadora del arte, realiza una excelente descripción de los vestigios de pintura mural que todavía se pueden observar en la zona arqueológica, el capítulo destaca por ser un ejercicio de apreciación estética visual por la rica aportación representada en 30 fotografías, en las que se distinguen los diversos motivos y diseños policromáticos de la Ciudad de los dioses. El más amplio apartado de la obra es el dedicado a la cerámica, 42 páginas con minuciosas descripciones de vasijas, ollas, platos y vasos, que dan cuenta de las técnicas de manufactura y cocción, y que permiten identificar estilos a simple vista. El modelado y moldeado no se limitaba a objetos de uso cotidiano sino también fabricación de objetos rituales como incensarios, braseros, máscaras, y figurillas. Ejemplos de su alta especialidad técnica son figuras como una tapa de brasero, con la imagen de un guerrero que porta un vistoso tocado (p.187), y una “figura huésped” de aproximadamente 30 centímetros, que posee en su interior personajes diminutos tallados en barro y piedra verde (p.155). Los últimos segmentos de la publicación editara por el INAH —con el apoyo de Fundación Televisa— se centran en la obsidiana de coloración gris-negra, que fue intensamente explotada y tuvo amplia distribución para elaboración de herramientas y uso ornamental. Finalmente, el trabajo de concha y hueso fue un material de importante presencia dentro de las piezas se destaca un espectacular caracol strombus con glifos (p.247). Teotihuacan, Ciudad de los Dioses es un trabajo que retrata perfectamente la excelsitud de la exposición que en próximos días viajará a Europa para ser exhibida en seis ciudades que podrán apreciar las dimensiones de una formidable, imponente y abrumadora civilización. |