 En Nuevo León Sistema creado por el INAH, como parte del Plan de Manejo del sitio arqueológico de Boca de Potrerillos.
Con un novedoso sistema de identificación desarrollado por especialistas mexicanos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) ha logrado el registro de cuatro mil rocas con petroglifos, algunos de los cuales alcanzan una antigüedad de hasta 8,000 años, localizados en el sitio arqueológico de Boca de Potrerillos, en Nuevo León. Esta tecnología ha comprobado su efectividad y también será aplicada en Sudáfrica para catalogar arte rupestre. El arqueólogo Moisés Valadez Moreno, del Centro INAH Nuevo León y responsable del proyecto, informó que el llamado Sistema Reticular de Identificación y Registro, diseñado por su equipo, forma parte de las acciones del Plan de Manejo del sitio arqueológico de Boca de Potrerillos, ubicado en el municipio de Mina.
“Es la única zona arqueológica del estado abierta al público, cuya característica principal es la presencia de miles de petroglifos, y por su extensión el sitio es único en todo el noreste de México. Los petrograbados distinguen a este lugar de cualquier otro en Mesoamérica, y para su estudio era necesario desarrollar un sistema eficiente de catalogación”, comentó.
Si bien el sitio arqueológico se abrió al público en 1995 y cuenta con declaratoria presidencial, era necesario desarrollar un Plan de Manejo que respalde su desarrollo y lineamientos de operación, señaló el arqueólogo al referir que en este sentido la confirmación de este documento rector es un reflejo de la intención del INAH y los gobiernos estatal y municipal, para la adecuada conservación de la zona arqueológica.
El Sistema Reticular de Identificación y Registro fue desarrollado en 2005, específicamente para Boca de Potrerillos, y demostró su efectividad rápidamente ya que desde ese año hasta la fecha se han registrado ya cuatro mil rocas con grabados, indicó Valadez Moreno.
El sistema se basa en un mapa de geoposicionamiento satelital que fue dividido por retículas. De esta manera las 600 hectáreas del polígono de Boca de Potrerillos se identifican en una retícula maestra digital donde se ubica la posición de cada roca, misma que es recreada en tercera dimensión, mediante fotografías digitales de alta definición.
“Esto permite tener una completa base de datos con todas las caras y superficies grabadas en cada roca, identificando cada glifo, su estado y posición”, abundó el especialista, al dar a conocer que esta tecnología desarrollada por el INAH, ha sido contemplada por un grupo de arqueólogos sudafricanos que pretenden utilizarlo con fines de registro y catalogación de arte rupestre de aquel país, además del interés de otras zonas arqueológicas de México para utilizar el sistema.
Ubicando a sólo 80 kilómetros de la ciudad de Monterrey, Boca de Potrerillos cuenta con un área abierta al público, consistente en un franja de aproximadamente 1.5 kilómetros donde se puede efectuar un recorrido, a través de seis diferentes rutas y contemplar cerca de 500 petrograbados.
Valadez Moreno abundó que con el apoyo de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, se realizaron estudios de fechamiento de los petroglifos, por el método de carbono 14, los cuales arrojaron un total de 20 temporalidades, de las cuales la más remota es de 8,000 años. Con esta información se desarrolla la cronología completa y se ha determinado que el auge del sitio ocurrió hace 4,000 años.
Los grabados en roca se atribuyen a grupos de cazadores-recolectores de la cultura coahuilteca —que ocupó la parte poniente de Nuevo León, Coahuila y sur de Texas—, quienes eran asiduos a la región porque en la antigüedad era un lugar rico en precipitaciones durante todo el año.
Los petrograbados han sido clasificados por los especialistas en cuatro grupos: culto al agua, la cacería, fenómenos naturales, y paisaje. Estas antiguas manifestaciones están dispuestas en un orden geográfico y simbólico, es decir, en la parte baja o las riveras del arroyo se encuentran los grifos referentes al agua, en la parte media se encuentran los referentes a la cacería, y en la zonas más altas están las representaciones celestes, con figuras de estrellas, tormentas y paisajes.
El arqueólogo Valadez Moreno comentó que también —como parte del Plan de Manejo de Boca de Potrerillos— se diseñaron seis veredas de visita, hechas con arena de la región, cal y mortero, lo que evita romper con el paisaje natural.
“Durante la temporada de lluvias el arroyo que cruza el sitio se ve incrementado, lo que lo convierte en un leve riesgo para los visitantes, por lo que el Plan de Manejo estableció como solución la construcción de un puente colgante sobre su cauce que permita el transito seguro”, indicó.
También, se incluyó la remodelación del Museo de Sitio y del área de servicios, donde se cambiaron los pisos y sanitarios, asimismo, se adaptó un inmueble aledaño como laboratorio para análisis e información.
El arqueólogo del INAH comentó que mediante el Programa de Empleo Temporal, recientemente se contrató a 50 personas para la realización de labores de adecuación y limpieza del sitio, así como de mantenimiento al camino de terrecería que da acceso al sitio desde la autopista Monterrey-Monclova.
Finalmente, Valadez Moreno destacó que el Plan de Manejo de Boca de Potrerillos se enfoca, en gran medida, a la difusión del sitio, y proyecta a 10 años aumentar considerablemente la visita actual que ronda los seis mil visitantes por año. Mientras que en materia de seguridad y resguardo de la zona, el personal de custodios deberá incrementarse en corto plazo, además de la puesta en vigencia de convenios con la policía municipal para reforzar la cobertura habitual de vigilancia.
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