Inicio arrow Sala de Prensa arrow Especiales arrow Ritos que liberan el alma del cuerpo
Ritos que liberan el alma del cuerpo PDF Imprimir
martes, 12 de enero de 2010

Foto: Medios/INAH
Sistema de inhumación

Guillermina Escoto                                                                          | Especiales anteriores
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
Fotos: Alfonso Rosales-INAH

 

La playa de El Conchalito, ubicada al occidente de La Paz, Baja California Sur, hacia el año 2001 fue un lugar “misterioso” para los vecinos de la zona, ya que constantemente “aparecían” en ella esqueletos humanos de manera inexplicable. Eran indígenas enterrados durante la época prehispánica.

 En 1981 el Instituto Nacional de Antropología e Historia recibió la primera denuncia y rescató cuatro entierros antiguos. En 1991 se inició la tercera intervención arqueológica que en ese tiempo representaba la más grande de la península, en donde se descubrió un sistema de inhumación que no está presente en ninguna otra cultura de Aridoamérica ni Mesoamérica.

“Entre los hallazgos se localizaron restos de seres humanos con varios patrones de inhumación, algunos de ellos enteros pero otros seccionados sin huellas de corte, por lo que se trata de un caso único en las culturas prehispánicas de México y quizá del mundo.”

Así lo explicó la arqueóloga Harumi Fujita, quien junto con sus colegas María de la Luz Gutiérrez y en un principio Laura Esquivel, así como los antropólogos físicos, Alfonso-Rosales López y Mario Ceja, llevó a cabo la investigación.

 “Los restos se encontraron sobre una cama de concha; algunas fosas estaban cubiertas con una tapa artificial elaborada de la mezcla de arena, cenizas, polvo de concha, conchas y agua marina, la cual se vaciaba sobre la fosa y al secar se endurecía.

“Asimismo, se localizó un piso del mismo material, sobre el cual se esparcieron conchas de las especies más planas, a manera que la superficie quedara tapizada; al secar la mezcla mantenía adheridas las conchas.”

El antropólogo Alfonso Rosales-López explicó que a partir de los enterramientos se pudo definir que los habitantes de El Conchalito practicaban la doble inhumación, algo común en Mesoamérica, pero en este caso con características particulares:

“Pruebas físicas y biológicas indican que los esqueletos fueron enterrados dos veces; en una primera sepultura se colocaba el cadáver dentro de una fosa, para desenterrarlo seis meses después, con la finalidad de ser seccionado por un hechicero del grupo, que, manipulando el cuerpo, lograba separar regiones corporales, bajo la creencia de que el espíritu del difunto se encontraba encerrado en el cuerpo y de esta manera era liberado; entonces el cuerpo moría de verdad y el espíritu se iba al sitio donde habitaban sus ancestros”.

Rosales-López narra que fue posible llegar a esta conclusión gracias a que en algunos esqueletos hubo fallas en la técnica dejando el proceso inconcluso en diferentes etapas, mismas que permiten reconstruir los hechos paso por paso.

 La arqueóloga explicó que en El Conchalito no se desarrolló una sociedad sedentaria, sin embargo fue una cultura que tuvo una organización social y económica muy planeada, que sabía aprovechar los recursos naturales con otro concepto social, no tenían clases sociales y no hay evidencias de que ejercieran el poder.

Los materiales localizados también demuestran que tenían costumbres funerarias elaboradas, dentro de las que se incluyeron ceremonias, probablemente también practicadas para la abundancia de recursos.

Alfonso Rosales-López explicó que la práctica de ritos puedo advertirse por la presencia de un caracol grande, colocado en posición vertical que fue sostenido con restos de moluscos para que permaneciera parado, una corona de conchas grandes y conchas dispersas en un área rectangular de un metro por uno y medio, con una disposición similar a la que se ha observado en las artes adivinatorias de los indígenas de las antiguas culturas de California.

Además de los entierros se localizaron instrumentos de madera y piedra utilizados para actividades cotidianas, como puntas de proyectil, navajas y varas para pesca, así como restos de semillas, plantas comestibles y vestigios de conchas de moluscos utilizados como alimento.

De éstos destacan las puntas de proyectil localizadas en contexto estratigráfico, lo que permitió por primera vez un fechamiento de acuerdo a las capas de la tierra.

Si bien en un principio los investigadores pensaban que El Conchalito fue un sitio poco importante, los vestigios demostraron que se trató de un lugar continuamente habitado por grupos seminómadas, llegados al lugar 300 años a. C., con dos periodos de ocupación: uno hasta el año 800 d. C. y otro del 800 d. C. hasta 1720, cuando ocurrió el contacto con los españoles.

 El antropólogo dijo que los antiguos californianos conocían muy bien la lítica y tenían gran destreza para su manejo, sobre todo en la elaboración de instrumentos de uso cotidiano y para la caza; también identificaron el uso que dieron a semillas, plantas y moluscos como alimento, e incluso, la manera de cocinarlos y consumirlos.

Fujita explicó que los concheros son sitios arqueológicos donde predomina la recolección de moluscos, como conchas y caracoles, más que otros elementos. Añadió que en la península de Baja California han sido poco estudiados, por eso la excavación en El Conchalito es de las más importantes y más grande realizada en el estado; constituye el primer estudio en un sitio de campamento playero en la península, en donde se han identificado todas las actividades cotidianas de una sociedad.

El antropólogo físico Alfonso Rosales-López explicó también en entrevista que el asentamiento de los antiguos pobladores de El Conchalito formaba parte de la cultura del Golfo de California, distribuida a lo largo de la costa, y en su tiempo fue el sitio más importante de La Ensenada de La Paz por su situación geográfica y condiciones ambientales, que resultaron óptimas para el desarrollo de la vida del hombre, dentro de un medio que se distinguía por su difícil hábitat.

El especialista considera que las culturas seminómadas del norte de México han sido denominadas tribus salvajes por ignorancia, ya que el hombre moderno está acostumbrado a la vida sedentaria, que implica establecer instituciones sociales con las cuales conservar las reglas del grupo.

En cambio, el ser nómada implica no tener sitio permanente de habitación, pero los californianos poseían una cultura rica; en su cosmogonía hay elementos bien identificados como el hecho de liberar el alma del cuerpo al morir.

Modificado el ( martes, 12 de enero de 2010 )
 
Insurgentes Sur No. 421, Colonia Hipódromo, México D.F. CP 06100 Teléfonos 4040-4624 y 4040-4300 | Fecha de actualización 29/07/10
Síntesis informativa | InfoAgenda | PagINAH | PrevINAH | Servicio Profesional de Carrera | Normateca | Directorio de Servidores Públicos
Política de privacidad | Opina sobre este sitio | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla